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viernes, 11 de julio de 2014

Batallas Ganadas

1     Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
     2     Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;
     3     Aunque bramen y se turben sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su braveza.

Salmos 46:1-3

El sonido de los caballos y las espadas despertaron nuevamente a David, se podía escuchar los gritos de sus perseguidores avanzando tras su rastro.

David sabía que estaba seguro en su fortaleza, pero “Que difícil es dormir cuando tenemos los problemas en la puerta”.

Al amanecer, el sonido de las trompetas estallaron anunciando una enorme cantidad de flechas que oscurecieron el cielo, las flechas caían a su alrededor, pero su refugio era impenetrable, a pesar de eso se podía escuchar el silbido de las flechas en el aire y como se destrozaban al caer.

El día no sería sencillo, pues a pesar de estar en la fortaleza, seguía en medio de la guerra.

A menudo pensamos que Dios debe evitarnos los problemas y las situaciones difíciles e incomodas de la vida, pero él no actúa de esta forma, Dios se presenta a sí mismo como un refugio, un escudo o una fortaleza.

No se utilizan estos instrumentos cuando todo anda bien sino que su uso es para los días de guerra, para aquellos tiempos en los que las espadas suenan y las flechas caen cerca de nosotros.

Un refugio es efectivo cuando nos persiguen, cuando la tormenta cae y los ríos se desbordan, en esos momentos donde el cuerpo no nos da más y la situación es crítica.

Dios promete que en estos días él te cubrirá, Dios promete que aunque estés en medio de la guerra el no permitirá que salgas herido.

 Quizá te asustes, te canses, y tengas que luchar por unos días, pero tranquilo, la tribulación pasará, las flechas caerán, el mar se moverá, los problemas arrasarán con todo a su paso, pero tú seguirás de pie al final del día.


Los hijos de Dios peleamos batallas ganadas, si las peleamos, pero sabiendo que hay alguien superior que nos tiene en sus manos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Insomnio

                        Yo me acosté y dormí,
       Y desperté, porque Jehová me sustentaba.

Salmos 3:5

La cama se sentía cada vez más incómoda, las sabanas parecían enredarse entre sus pies y el colchón se sentía más caliente que de costumbre.

Aunque sus ojos estaban cansados al cerrarlos no lograban descansar, todas las posiciones para dormir parecían incomodas y muchos pensamientos atormentaban su cabeza cuando decidía dormir.

La televisión seguía encendida pero en realidad  Sara no le prestaba atención, aunque sus ojos estaban abiertos su mente divagaba en otra parte, siempre que la apagaba toda su preocupación se hacía más fuerte, el miedo por lo que sucedería en un par de días recorría por todo su cuerpo y nuevamente la hacía despertar.

Quizá al igual que Sara hay días en los cuales no concilias el sueño pensando en todos los problemas que te han tocado.

El texto de hoy es un fragmento del salmo 3, este salmo en general relata como todo el ejército del Rey perseguía a David, describe a militares tras él con flechas y espadas.

Cuenta también de tropas acampando a su alrededor esperando el momento propicio para darle batalla y capturarlo.

Una pregunta vino a mi mente cuando leí este salmo ¿Cómo lograba dormir David en esta situación?

Más de una vez no he logrado conciliar el sueño pensando en todos los problemas que tenía que resolver, si te ha pasado lo mismo Dios quiere que recuerdes esto:

             Yo me acosté y dormí,
Y desperté, porque Jehová me sustentaba

David lograba dormir porque sabía que tenía a alguien que lo sustentaba, alguien más poderoso que lo sostenía, lo vigilaba, David sabía que tenía un Padre todo poderoso que no se descuida, que no falla, que domina las cosas que nosotros no podemos dominar.

David sabía que lo que pasará mañana o en unas horas no dependía de él sino de alguien más grande, dependía de Dios.

Te invito a tener la misma confianza la próxima vez que alguna duda, o problema te quite el sueño.


 Recuerda que tienes a un Padre que te sustenta, que te vigilará mientras duermes y al despertar estará a tu lado dominando aquellas cosas que tú no puedes dominar.

martes, 19 de noviembre de 2013

Silencios que Matan

Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
Salmos 32:3


El candelabro de la recamara del rey se encendió de madrugada, nuevamente no podía dormir, los soldados que resguardaban el palacio sabían que cada vez eran más frecuentes su desvelos.

Antes se despertaba para cantarle salmos a Dios, pero hacía meses que no se escuchaba la música de aquel arpa que cada día se veía más olvidada. Hacía meses que el rey no sonreía, el brillo de sus ojos había sido remplazado por ojeras que acompañaban su triste mirada.

La luz de la recamara se apagó, y se encendió la luz de aquel cuarto que el rey ya no visitaba.

David, el Rey,  abrió la puerta con timidez, sus ojos estaban llenos de lágrimas y un frio estrangulador viajaba por todo su cuerpo. Levantó la lámpara que traía en su mano y vio el rollo de la ley que el mismo había transcrito, junto a él, los Salmos que antes cantaba, aun se veía sobre la mesa uno a medio escribir que jamás había completado.

Su corazón no podía más con todo ese dolor, con toda esa vergüenza, con todo ese silencio de tantos meses callando aquel pecado. Dio unos pasos más y llego al lugar de siempre, era tiempo de arrepentirse pues era imposible vivir lejos de su Padre.

No arrepentirte de un pecado y no confesarlo a Dios puede ser el error más peligroso en la vida de un cristiano.

Un pecado no confesado te llevará a dejar de orar, te hará sentir tan culpable que pensaras que Dios no puede perdonarte.

Dios quiere recordarte en este día que el peor error que puedes cometer es alejarte de el por creer que no mereces ser perdonado, o por miedo a no recibir de su amor.

Mientras calles ese pecado, morirás poco a poco, Nuestro padre está esperándote, no tengas miedo, te aseguro que infieles como somos el está ahí, como todos los días, atento a nuestra oración, a la espera de nuestro regreso, aunque no lo merecemos.




martes, 12 de noviembre de 2013

Cuestión de Vida o Muerte

Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano.

2 Samuel 5.19-20

David luego de algunos años había por fin recibido su título como rey de Israel, la promesa que Dios le había dado cuando era solo un jovencito se estaba haciendo realidad.

Mientras en Israel se festejaba al nuevo rey, la noticia se esparcía por todo el oriente llegando a oídos de sus enemigos, los filisteos, un grupo de reyes que siempre esperaban atentos el momento adecuado para conquistar a los israelitas.

Las tropas se juntaron y marcharon hacia Israel con sed de venganza y ansiosos por saquear sus riquezas.

David tenía que tomar una decisión crucial para su reinado, su primera decisión dirigiendo al pueblo como rey podría haber sido la última.


Las decisiones en la guerra son de vida o muerte, puedes salvar muchas vidas o ver como la sangre de los que amas se derrama.

Las decisiones que tomamos en nuestras vidas son igual de importantes,  algunas nos preocupan más que otras, pero en realidad cada decisión que tomamos va dirigiendo nuestros pasos o vencer la guerra o a perderla. Tu vida se pone en juego cada vez que tomas una decisión.

¿Qué alimentos comer? ¿Qué carrera seguir? ¿A quién darle tu amor? ¿A quién decirle que si? ¿a Quién esperar? ¿Qué estudiar? ¿Qué dejar ir? ¿Qué creer? ¿Dónde trabajar?

David tenía la vida de muchas personas en sus manos, muchos hombres caminarían a su lado y cargarían las consecuencias de sus buenas o malas decisiones.

David termino de escuchar la noticia y les pidió a todos que lo dejaran solo, no era tiempo de escuchar a los hombres, era tiempo de consultarle al único capaz de darle una respuesta adecuada, dio unos pasos y se puso de rodillas y dijo:

Jehová, ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve…

Dios no siempre le dijo a David que avanzara, algunas veces le dijo que era mejor esperar, lo importante en este relato no es si Dios te dará o no la victoria de una batalla, es saber que quiere Dios que hagas.

No tomes decisiones sin consultarle, no avances  si él no te lo ha confirmado, no te ahogues en recomendaciones humanas, solo hay una voz importante, solo unos ojos que buscar, solo una persona a quien agradar DIOS.

Arrodíllate por un momento y deja que él decida.


¿Qué decisiones tomaras hoy?